Algunas palabras, si abusaramos de ellas, por mucho que guste oírlas,
pudieran resultar un tanto reduntantes.
Puede que haya frases que repitamos de forma constante por ser tan claras y certeras,
que no hacerlo resultara un insulto, un disparate.
Así te hablaría esta noche, de pequeños restos de inocencia,
que nos cierran la boca cuando ésta tan solo piensa
en abrirse por gritar tu nombre.
Hablaría de, quién sabe qué motivos, que nos lían la lengua cada vez que ésta
intenta situarse adecuadamente, a fín de articular dos sónidos seguidos.
Y, ¡que no! Que no pasa de dos... nos secan la garganta y nos cortan la voz.
Hoy, quedan atrás, poco a poco y a buen ritmo,
esas muestras de lo que quizás sea, una timidez más latente que evidente.
Quedán atrás sí... y retomando las primeras lineas, resultamos -y en conciencia- reduntantes,
que si hace falta redundar, nadie dude que redundo.
Y guste o no guste, el gesto, repetiré aquello que resulta indudable:
B o n i t a, pierde la razón y se torna nombre propio si tiene que ver contigo.
pudieran resultar un tanto reduntantes.
Puede que haya frases que repitamos de forma constante por ser tan claras y certeras,
que no hacerlo resultara un insulto, un disparate.
Así te hablaría esta noche, de pequeños restos de inocencia,
que nos cierran la boca cuando ésta tan solo piensa
en abrirse por gritar tu nombre.
Hablaría de, quién sabe qué motivos, que nos lían la lengua cada vez que ésta
intenta situarse adecuadamente, a fín de articular dos sónidos seguidos.
Y, ¡que no! Que no pasa de dos... nos secan la garganta y nos cortan la voz.
Hoy, quedan atrás, poco a poco y a buen ritmo,
esas muestras de lo que quizás sea, una timidez más latente que evidente.
Quedán atrás sí... y retomando las primeras lineas, resultamos -y en conciencia- reduntantes,
que si hace falta redundar, nadie dude que redundo.
Y guste o no guste, el gesto, repetiré aquello que resulta indudable:
B o n i t a, pierde la razón y se torna nombre propio si tiene que ver contigo.


